viernes, 18 de marzo de 2011

Otra vez la Quinta Columna (I)
Por: Marco Senderos
Fecha de publicación: 17/03/11

Cómo reconocerlos

La Quinta Columna es el peligro más activo de la Revolución
Bolivariana en el momento actual. Las guerras adelantadas por el
imperialismo en Irak, Afganistán y al acecho de Corea del Norte, Irán
y Libia, junto a la escalada con que empujan a algunos movimientos
populares árabes en la región con mayores reservas de crudo del
planeta, desvían un poco la desvelada atención del enemigo imperial
sobre el proceso Bolivariano.

Con este panorama no es de extrañar que hayan delegado en la Quinta
Columna el peso de la tarea para debilitar la revolución: el dinero
fue entregado y los niños de “manitos blancas, amarillas y de otros
colores” salieron a la calle.

Gran parte de nuestra sociedad transculturizada y alienada desde hace
décadas recién abrió los ojos, y tenemos la esperanza de que no los
vuelva a cerrar, para contemplar el abanico de necesidades y
emergencias, tangibles e intangibles, en las que se hallan por el
entreguismo de los dirigentes del bipartidismo de ayer. Sin embargo,
continúa la campaña de mentiras y confusión que retrasa la tarea
necesaria y es por ello que el peso de la Quinta Columna ha de ser
expuesto a la luz para que todos saquemos este obstáculo del camino.
Esta tarea de dar luces sobre la Quinta Columna no es original de
quien escribe. En el 2006 Jota DobleVe llamaba la atención de este
fenómeno y, hace muy poco, Jesús Santander también. Sirvan las
siguientes líneas para engrosar el llamamiento de los susodichos
comentaristas y como prueba de diálogo, autocrítica y honestidad
intelectual.

Para empezar habría que decir que los quintacolumnistas son de varias
familias como ya DobleVe lo refería un lustro atrás. En este caso nos
extenderemos en el quintacolumnismo, que de acuerdo a la tipología del
autor citado está compuesto por:

“Aquellos empleados públicos, y de empresas del Estado, formados a la
sombra de la IV República, que prestos corrieron a la búsqueda de una
cachucha y de una franela roja. Muchos “de carrera”… y que vieron en
el comienzo del chavismo la oportunidad de escalar las posiciones que
dejaban aquellos que abiertamente se oponían al régimen” y “aquellos
que siendo originalmente chavistas, fueron llamados por el régimen y
en el desempeño de sus funciones demostraron incapacidad o quienes,
sin la base curricular suficiente, habían alcanzado su nivel de
incapacidad en la escala de Peter y aspiraban por su apoyo más de lo
que su capacidad mental o de trabajo era capaz de dar”

Tales venezolanos y venezolanas pululan por todo el país y en especial
en Caracas, puesto que en la capital se encuentran concentrados los
poderes públicos y el sector financiero, escenarios ideales para el
desempeño de estos especímenes. No sólo se reconocen por el tono
alabancioso y servil, de supuesta subordinación a los diversos jefes
que existen en el organigrama de nuestra burocracia, sino también
porque ante una pregunta de nivel medio sobre ideología
revolucionaria, geopolítica actual o su compromiso para llevar
adelante las tareas que dentro de su institución les sean exigidas,
descubren su verdadero rostro y sentimientos.

Esta especie de reptil, con el perdón de esas criaturas de Dios,
llegan a la ineptitud de suponer que el socialismo se hace “trabajando
con eficiencia”, pero sin cogobierno, sin consulta a las bases, sin
tomar en cuenta lo que piensa la comunidad cercana a la institución o
fundación, sin siquiera saber cómo se siente la gente a la que
supuestamente se acompaña, sin críticas al sistema económico
imperante. Consideran que la subcontratación y el subempleo es un “mal
necesario” y creen que colaboran con la revolución porque “les dan” un
sueldito a los subempleados en su radio de acción, es decir son
incapaces de impulsar el crecimiento espiritual y la necesaria
libertad de decidir. Piensan con mucha seriedad que el Socialismo del
siglo XXI “resolverá” para cada familia una camioneta, cuartos con
splits de aire acondicionado y dos pantallas de plasma, pasajes cada
año para ir a Panamá o Miami o Europa y la “libertad” de comprar un
reloj de un palo o cuatro pares de zapatos que cuesten más de 500
bolos cada uno porque los más caros son “los de calidad”. Opinan que
el régimen cubano es una dictadura donde se comen niños, que Stalin
fue un comunista que mató a millones con una sonrisa y que Carlos
Andrés Pérez fue simplemente un corrupto. En el fondo, sienten que el
comunismo es lo peor y creen que el socialismo debería imitar las
experiencias de Chile o España porque, según, todo se resuelve como lo
dicta el IESA, con una buena gerencia.

Esos quintacolumnistas están repartidos por ministerios, fuerzas
armadas, poder local y regional e institutos educativos. Los de
Caracas tienen dos ambiciones en común que resguardan con mucho celo,
hacer más billete y echar vaina como lo ven en la publicidad de
Hollywood. Por eso al salir del trabajo les encanta tomar whisky
diciendo que ayuda a la salud y porque el ron sube la tensión; cuando
es fin de semana se chorrean por pagar con una de sus variadas
tarjetas de crédito cualquier capricho y cuando vuelven al trabajo,
puntualmente cada lunes, se molestan, pero no lo dicen, porque alguien
en el pasillo está hablando de Chávez o el Aló Presidente.

¡Reconócelos mi gente!

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